"Y ellos, la gente de aquel tiempo, preferían refugiarse en una religión más elaborada: en los preceptos morales, como el grupo de fariseos; en el compromiso político, como los saduceos; en la revolución social, como los celotes; en la espiritualidad gnóstica, como los esenios. Estaban con su sistema bien limpio, bien hecho. Pero el predicador no. También Jesús les hizo hacer memoria: 'Vuestros padres han hecho lo mismo con los profetas'. El pueblo de Dios tiene una cierta alergia a los predicadores de la Palabra, los profetas; los ha perseguido, lo ha matado", ha subrayado el santo padre.
Asimismo, el papa ha continuado indicando que estas personas "dicen aceptar la verdad de la revelación, "pero el predicador, la predicación, no. Prefieren una vida enjaulada en sus preceptos, en sus compromisos, en sus planes revolucionarios o en su espiritualidad desencarnada. Son esos cristianos que están siempre descontentos con lo que dice el predicador".
El santo padre ha hablado de "esos cristiano que están cerrados, que están enjaulados, esos cristianos tristes... no son libres ¿Por qué? Porque tienen miedo a la libertad del Espíritu Santo, que viene a través de la predicación. Y este es el escándalo de la predicación, de la que hablaba san Pablo: el escándalo de la predicación que termina en el escándalo de la Cruz. Escandaliza que Dios nos hable a través de hombres con límites, hombres pecadores: ¡escandaliza! Y escandaliza más que Dios no hable y nos salve a través de un hombre que dice que es el Hijo de Dios pero termina como un criminal. Eso escandaliza".
Continuando con la idea de esos "cristianos tristes", el pontífice ha explicado que éstos "no creen en el Espíritu Santo, no creen en esa libertad que viene de la predicación, que te advierte, te enseña, te reprende también; pero es precisamente la libertad que hace crecer la Iglesia".
El santo padre ha señalado, para concluir, que "viendo estos niños que tienen miedo de bailar, de llorar, miedo de todos, que piden seguridad en todo, pienso en esos cristianos tristes que siempre critican a los predicadores de la verdad, porque tienen miedo de abrir la puerta al Espíritu Santo. Recemos por ellos y recemos también por nosotros, que no nos convirtamos en cristianos tristes, quitando al Espíritu Santo la libertad de venir a nosotros a través del escándalo de la predicación".
Traducido y adapatado de Radio Vaticana por Rocío Lancho