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23.09.15.- Viajes> EE.UU.: "Pastores y nada más que pastores", el Papa a los obispos

Quisiera ante todo enviar un saludo a la comunidad judía, a nuestros hermanos judíos, que hoy celebran la fiesta del Yom Kippur. Que el señor los bendiga con la paz y les haga seguir adelante por la vía de la santidad, según lo que hemos escuchado hoy de su Palabra: «Sean santos, porque yo, el Señor soy santo» (Lv 19,2).
Me alegra tener este encuentro con ustedes en este momento de la misión apostólica que me ha traído a su País. Agradezco de corazón al Cardenal Wuerl y al Arzobispo Kurtz las amables palabras que me han dirigido en nombre de todos. Muchas gracias por su acogida y por la generosa solicitud con que han programado y organizado mi estancia entre ustedes.
Viendo con los ojos y con el corazón sus rostros de Pastores, quisiera saludar también a las Iglesias que amorosamente llevan sobre sus hombros; y les ruego encarecidamente que, por medio de ustedes, mi cercanía humana y espiritual llegue a todo el Pueblo de Dios diseminado en esta vasta tierra.
El corazón del Papa se dilata para incluir a todos. Ensanchar el corazón para dar testimonio de que Dios es grande en su amor es la sustancia de la misión del Sucesor de Pedro, Vicario de Aquel que en la cruz extendió los brazos para acoger a toda la humanidad. Que ningún miembro del Cuerpo de Cristo y de la nación americana se sienta excluido del abrazo del Papa. Que, donde se pronuncie el nombre de Jesús, resuene también la voz del Papa para confirmar: «¡Es el Salvador!». Desde sus grandes metrópolis de la costa oriental hasta las llanuras del midwest, desde el profundo sur hasta el ilimitado oeste, en cualquier lugar donde su pueblo se reúna en asamblea eucarística, que el Papa no sea un nombre que se repite por fuerza de la costumbre, sino una compañía tangible destinada a sostener la voz que sale del corazón de la Esposa: «¡Ven, Señor!».
Cuando echan una mano para realizar el bien o llevar al hermano la caridad de Cristo, para enjugar una lágrima o acompañar a quien está solo, para indicar el camino a quien se siente perdido o para fortalecer a quien tiene el corazón destrozado, para socorrer a quien ha caído o enseñar a quien tiene sed de verdad, para perdonar o llevar a un nuevo encuentro con Dios… sepan que el Papa los acompaña y el Papa los ayuda, pone también él su mano –vieja y arrugada pero, gracias a Dios, capaz todavía de apoyar y animar– junto a las suyas.
Mi primera palabra es de agradecimiento a Dios por el dinamismo del Evangelio que ha hecho que la Iglesia de Cristo crezca con fuerza en estas tierras y le ha permitido ofrecer su aportación generosa, en el pasado y en la actualidad, a la sociedad estadounidense y al mundo. Aprecio vivamente y agradezco conmovido su generosidad y solidaridad con la Sede Apostólica y con la evangelización en tantas partes del mundo que sufren. Me alegro del firme compromiso de su Iglesia a favor de la vida y de la familia, motivo principal de mi visita. Sigo con atención el enorme esfuerzo que realizan para acoger e integrar a los inmigrantes que siguen llegando a Estados Unidos con la mirada de los peregrinos que se embarcan en busca de sus prometedores recursos de libertad y prosperidad. Admiro los esfuerzos que dedican a la misión educativa en sus escuelas a todos los niveles y a la caridad en sus numerosas instituciones. Son actividades llevadas a cabo muchas veces sin que se reconozca su valor y sin apoyo y, en todo caso, heroicamente sostenidas con la aportación de los pobres, porque esas iniciativas brotan de un mandato sobrenatural que no es lícito desobedecer. Conozco bien la valentía con que han afrontado momentos oscuros en su itinerario eclesial sin temer a la autocrítica ni evitar humillaciones y sacrificios, sin ceder al miedo de despojarse de cuanto es secundario con tal de recobrar la credibilidad y la confianza propia de los Ministros de Cristo, como desea el alma de su pueblo. Sé cuánto les ha hecho sufrir la herida de los últimos años, y he seguido de cerca su generoso esfuerzo por curar a las víctimas, consciente de que, cuando curamos, también somos curados, y por seguir trabajando para que esos crímenes no se repitan nunca más.
Les hablo como Obispo de Roma, llamado por Dios –siendo ya mayor– desde una tierra también americana, para custodiar la unidad de la Iglesia universal y para animar en la caridad el camino de todas las Iglesias particulares, para que progresen en el conocimiento, en la fe y en el amor a Cristo. Leyendo sus nombres y apellidos, viendo sus rostros, consciente de su alto sentido de la responsabilidad eclesial y de la devoción que han profesado siempre al Sucesor de Pedro, tengo que decirles que no me siento forastero entre ustedes. También yo vengo de una tierra vasta, inmensa y no pocas veces informe, que como la de ustedes, ha recibido la fe del bagaje de los misioneros. Conozco bien el reto de sembrar el Evangelio en el corazón de hombres procedentes de mundos diversos, a menudo endurecidos por el arduo camino recorrido antes de llegar. No me es ajeno el cansancio de establecer la Iglesia entre llanuras, montañas, ciudades y suburbios de un territorio a menudo inhóspito, en el que las fronteras siempre son provisionales, las respuestas obvias no perduran y la llave de entrada requiere conjugar el esfuerzo épico de los pioneros exploradores con la sabiduría prosaica y la resistencia de los sedentarios que controlan el territorio alcanzado. Como cantaba uno de sus poetas: «Alas fuertes e incansables», pero también la sabiduría de quien «conoce las montañas».*
No les hablo sólo yo. Mi voz está en continuidad con la de mis Predecesores. Desde los albores de la «nación americana», cuando apenas acabada la revolución fue erigida la primera diócesis en Baltimore, la Iglesia de Roma los ha acompañado y nunca les ha faltado su contante asistencia y su aliento. En los últimos decenios, tres de mis venerados Predecesores les han visitado, entregándoles un notable patrimonio de magisterio todavía actual, que ustedes han utilizado para orientar programas pastorales con visión de futuro, para guiar a esta querida Iglesia.
No es mi intención trazar un programa o delinear una estrategia. No he venido para juzgarles o para impartir lecciones. Confío plenamente en la voz de Aquel que «enseña todas las cosas» (cf. Jn 14,26). Permítanme tan sólo, con la libertad del amor, que les hable como un hermano entre hermanos. No pretendo decirles lo que hay que hacer, porque todos sabemos lo que el Señor nos pide. Prefiero más bien realizar de nuevo ese esfuerzo –antiguo y siempre nuevo– de preguntarnos por los caminos a seguir, los sentimientos que hemos de conservar mientras trabajamos, el espíritu con que tenemos que actuar. Sin ánimo de ser exhaustivo, comparto con ustedes algunas reflexiones que considero oportunas para nuestra misión.
Somos obispos de la Iglesia, pastores constituidos por Dios para apacentar su grey. Nuestra mayor alegría es ser pastores, y nada más que pastores, con un corazón indiviso y una entrega personal irreversible. Es preciso custodiar esta alegría sin dejar que nos la roben. El maligno ruge como un león tratando de devorarla, arruinando todo lo que estamos llamados a ser, no por nosotros mismos, sino por el don y al servicio del «Pastor y guardián de nuestras almas» (1 P 2,25).
La esencia de nuestra identidad se ha de buscar en la oración asidua, en la predicación (cf. Hch 6,4) y el apacentar (cf. Jn 21,15-17; Hch 20,28-31).
No una oración cualquiera, sino la unión familiar con Cristo, donde poder encontrar cotidianamente su mirada y escuchar la pregunta que nos dirige a todos: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» (Mc 3,32). Y poderle responder serenamente: «Señor, aquí está tu madre, aquí están tus hermanos. Te los encomiendo, son aquellos que tú me has confiado». La vida del pastor se alimenta de esa intimidad con Cristo.
No una predicación de doctrinas complejas, sino el anuncio gozoso de Cristo, muerto y resucitado por nosotros. Que el estilo de nuestra misión suscite en cuantos nos escuchan la experiencia del «por nosotros» de este anuncio: que la Palabra dé sentido y plenitud a cada fragmento de su vida, que los sacramentos los alimenten con ese sustento que no se pueden proporcionar a sí mismos, que la cercanía del Pastor despierte en ellos la nostalgia del abrazo del Padre. Estén atentos a que la grey encuentre siempre en el corazón del Pastor esa reserva de eternidad que ansiosamente se busca en vano en las cosas del mundo. Que encuentren siempre en sus labios el reconocimiento de su capacidad de hacer y construir, en la libertad y la justicia, la prosperidad de la que esta tierra es pródiga. Pero que no falte sereno valor de confesar que es necesario buscar no «el alimento que perece, sino el que perdura para la vida eterna» (Jn 6,27).
No apacentarse a sí mismos, sino saber retroceder, abajarse, descentrarse, para alimentar con Cristo a la familia de Dios. Vigilar sin descanso, elevándose para abarcar con la mirada de Dios a la grey que sólo a él pertenece. Elevarse hasta la altura de la Cruz de su Hijo, el único punto de vista que abre al pastor el corazón de su rebaño.
No mirar hacia abajo, a la propia autoreferencialidad, sino siempre hacia el horizonte de Dios, que va más allá de lo que somos capaces de prever o planificar. Vigilar también sobre nosotros mismos, para alejar la tentación del narcisismo, que ciega los ojos del pastor, hace irreconocible su voz y su gesto estéril. En las muchas posibilidades que se abren en su solicitud pastoral, no olviden mantener indeleble el núcleo que unifica todas las cosas: «Conmigo lo hicieron» (cf. Mt 25,31. -45).
Ciertamente es útil al obispo tener la prudencia del líder y la astucia del administrador, pero nos perdemos inexorablemente cuando confundimos el poder de la fuerza con la fuerza de la impotencia, a través de la cual Dios nos ha redimido. Es necesario que el obispo perciba lúcidamente la batalla entre la luz y la oscuridad que se combate en este mundo. Pero, ay de nosotros si convertimos la cruz en bandera de luchas mundanas, olvidando que la condición de la victoria duradera es dejarse despojarse y vaciarse de sí mismo (cf. Flp 2,1-11).
No nos resulta ajena la angustia de los primeros Once, encerrados entre cuatro paredes, asediados y consternados, llenos del pavor de las ovejas dispersas porque el pastor ha sido abatido. Pero sabemos que se nos ha dado un espíritu de valentía y no de timidez. Por tanto, no es lícito dejarnos paralizar por el miedo.
Sé bien que tienen muchos desafíos, y que a menudo es hostil el campo donde siembran y no son pocas las tentaciones de encerrarse en el recinto de los temores, a lamerse las propias heridas, llorando por un tiempo que no volverá y preparando respuestas duras a las resistencias ya de por sí ásperas.
Y, sin embargo, somos artífices de la cultura del encuentro. Somos sacramento viviente del abrazo entre la riqueza divina y nuestra pobreza. Somos testigos del abajamiento y la condescendencia de Dios, que precede en el amor incluso nuestra primera respuesta.
El diálogo es nuestro método, no por astuta estrategia sino por fidelidad a Aquel que nunca se cansa de pasar una y otra vez por las plazas de los hombres hasta la undécima hora para proponer su amorosa invitación (cf. Mt 20,1-16).
Por tanto, la vía es el diálogo: diálogo entre ustedes, diálogo en sus Presbiterios, diálogo con los laicos, diálogo con las familias, diálogo con la sociedad. No me cansaré de animarlos a dialogar sin miedo. Cuanto más rico sea el patrimonio que tienen que compartir con parresía, tanto más elocuente ha de ser la humildad con que lo tienen que ofrecer. No tengan miedo de emprender el éxodo necesario en todo diálogo auténtico. De lo contrario no se puede entender las razones de los demás, ni comprender plenamente que el hermano al que llegar y rescatar, con la fuerza y la cercanía del amor, cuenta más que las posiciones que consideramos lejanas de nuestras certezas, aunque sean auténticas. El lenguaje duro y belicoso de la división no es propio del Pastor, no tiene derecho de ciudadanía en su corazón y, aunque parezca por un momento asegurar una hegemonía aparente, sólo el atractivo duradero de la bondad y del amor es realmente convincente.
Es preciso dejar que resuene perennemente en nuestro corazón la palabra del Señor: «Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas» (Mt 11,28-29). El yugo de Jesús es yugo de amor y, por tanto, garantía de descanso. A veces nos pesa la soledad de nuestras fatigas, y estamos tan cargados del yugo que ya no nos acordamos de haberlo recibido del Señor. Nos parece solamente nuestro y, por tanto, nos arrastramos como bueyes cansados en el campo árido, abrumados por la sensación de haber trabajado en vano, olvidando la plenitud del descanso vinculado indisolublemente a Aquel que hizo la promesa.
Aprender de Jesús; mejor aún, aprender a ser como Jesús, manso y humilde; entrar en su mansedumbre y su humildad mediante la contemplación de su obrar. Poner nuestras iglesias y nuestros pueblos, a menudo aplastados por la dura pretensión del rendimiento bajo el suave yugo del Señor. Recordar que la identidad de la Iglesia de Jesús no está garantizada por el «fuego del cielo que consume» (cf. Lc 9,54), sino por el secreto calor del Espíritu que «sana lo que sangra, dobla lo que es rígido, endereza lo que está torcido».
La gran misión que el Señor nos confía, la llevamos a cabo en comunión, de modo colegial. ¡Está ya tan desgarrado y dividido el mundo! La fragmentación es ya de casa en todas partes. Por eso, la Iglesia, «túnica inconsútil del Señor», no puede dejarse dividir, fragmentar o enfrentarse.
Nuestra misión episcopal consiste en primer lugar en cimentar la unidad, cuyo contenido está determinado por la Palabra de Dios y por el único Pan del Cielo, con el que cada una de las Iglesias que se nos ha confiado permanece Católica, porque está abierta y en comunión con todas las Iglesias particulares y con la de Roma, que «preside en la caridad». Es imperativo, por tanto, cuidar dicha unidad, custodiarla, favorecerla, testimoniarla como signo e instrumento que, más allá de cualquier barrera, une naciones, razas, clases, generaciones.
Que el inminente Año Santo de la Misericordia, al introducirnos en las profundidades inagotables del corazón divino, en el que no hay división alguna, sea para todos una ocasión privilegiada para reforzar la comunión, perfeccionar la unidad, reconciliar las diferencias, perdonarnos unos a otros y superar toda división, de modo que alumbre su luz como «la ciudad puesta en lo alto de un monte» (Mt 5,14).
Este servicio a la unidad es particularmente importante para su amada nación, cuyos vastísimos recursos materiales y espirituales, culturales y políticos, históricos y humanos, científicos y tecnológicos requieren responsabilidades morales no indiferentes en un mundo abrumado y que busca con afán nuevos equilibrios de paz, prosperidad e integración. Por tanto, una parte esencial de su misión es ofrecer a los Estados Unidos de América la levadura humilde y poderosa de la comunión. Que la humanidad sepa que contar con el «sacramento de unidad» (Lumen gentium, 1) es garantía de que su destino no es el abandono y la disgregación.
Y este testimonio es un faro que no se puede apagar. En efecto, en la densa oscuridad de la vida, los hombres necesitan dejarse guiar por su luz, para tener la certidumbre del puerto al que acudir, seguros de que sus barcas no se estrellarán en los escollos ni quedarán a merced de las olas. Por eso, hermanos, les animo a hacer frente a los desafíos de nuestro tiempo. En el fondo de cada uno de ellos está siempre la vida como don y responsabilidad. El futuro de la libertad y la dignidad de nuestra sociedad dependen del modo en que sepamos responder a estos desafíos.
Las víctimas inocentes del aborto, los niños que mueren de hambre o bajo las bombas, los inmigrantes se ahogan en busca de un mañana, los ancianos o los enfermos, de los que se quiere prescindir, las víctimas del terrorismo, de las guerras, de la violencia y del tráfico de drogas, el medio ambiente devastado por una relación predatoria del hombre con la naturaleza, en todo esto está siempre en juego el don de Dios, del que somos administradores nobles, pero no amos. No es lícito por tanto eludir dichas cuestiones o silenciarlas. No menos importante es el anuncio del Evangelio de la familia que, en el próximo Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia, tendré ocasión de proclamar con fuerza junto a ustedes y a toda la Iglesia.
Estos aspectos irrenunciables de la misión de la Iglesia pertenecen al núcleo de lo que nos ha sido transmitido por el Señor. Por eso tenemos el deber de custodiarlos y comunicarlos, aun cuando la mentalidad del tiempo se hace impermeable y hostil a este mensaje (Evangelii gaudium, 34-39). Los animo a ofrecer este testimonio con los medios y la creatividad del amor y la humildad de la verdad. Esto no sólo requiere proclamas y anuncios externos, sino también conquistar espacio en el corazón de los hombres y en la conciencia de la sociedad.
Para ello, es muy importante que la Iglesia en los Estados Unidos sea también un hogar humilde que atraiga a los hombres por el encanto de la luz y el calor del amor. Como pastores, conocemos bien la oscuridad y el frío que todavía hay en este mundo, la soledad y el abandono de muchos –también incluso donde abundan los recursos comunicativos y la riqueza material–, conocemos también el miedo a ante la vida, la desesperación y las múltiples fugas.
Por eso, solamente una Iglesia que sepa reunir en torno al «fuego» es capaz de atraer. Ciertamente, no un fuego cualquiera, sino aquel que se ha encendido en la mañana de Pascua. El Señor resucitado es el que sigue interpelando a los Pastores de la Iglesia a través de la voz tímida de tantos hermanos: «¿Tienen algo que comer?». Se trata de reconocer su voz, como lo hicieron los Apóstoles a orillas del mar de Tiberíades (cf. Jn 21,4-12). Y es todavía más decisivo conservar la certeza de que las brasas de su presencia, encendidas en el fuego de la pasión, nos preceden y no se apagarán nunca. Si falta esta certeza, se corre el riesgo de convertirse en guardianes de cenizas y no custodios y en dispensadores de la verdadera luz y de ese calor que es capaz de hacer arder el corazón (cf. Lc 24,32).
Antes de concluir, permítanme hacerles aún dos recomendaciones que considero importantes. La primera se refiere a su paternidad episcopal. Sean Pastores cercanos a la gente, Pastores próximos y servidores. Esta cercanía ha de expresarse de modo especial con sus sacerdotes. Acompáñenles para que sirvan a Cristo con un corazón indiviso, porque sólo la plenitud llena a los ministros de Cristo. Les ruego, por tanto, que no dejen que se contenten de medias tintas. Cuiden sus fuentes espirituales para que no caigan en la tentación de convertirse en notarios y burócratas, sino que sean expresión de la maternidad de la Iglesia que engendra y hace crecer a sus hijos. Estén atentos a que no se cansen de levantarse para responder a quien llama de noche, aun cuando ya crean tener derecho al descanso (cf. Lc 11,5-8). Prepárenles para que estén dispuestos para detenerse, abajarse, rociar bálsamo, hacerse cargo y gastarse en favor de quien, «por casualidad», se vio despojado de todo lo que creía poseer (cf. Lc 10,29-37).
Mi segunda recomendación se refiere a los inmigrantes. Pido disculpas si hablo en cierto modo casi in causa propia.  La iglesia en Estados Unidos conoce como nadie las esperanzas del corazón de los inmigrantes. Ustedes siempre han aprendido su idioma, apoyado su causa, integrado sus aportaciones, defendido sus derechos, promovido su búsqueda de prosperidad, mantenido encendida la llama de su fe. Incluso ahora, ninguna institución estadounidense hace más por los inmigrantes que sus comunidades cristianas. Ahora tienen esta larga ola de inmigración latina en muchas de sus diócesis. No sólo como Obispo de Roma, sino también como un Pastor venido del sur, siento la necesidad de darles las gracias y de animarles. Tal vez no sea fácil para ustedes leer su alma; quizás sean sometidos a la prueba por su diversid. En todo caso, sepan que también tienen recursos que compartir. Por tanto, acójanlos sin miedo. Ofrézcanles el calor del amor de Cristo y descifrarán el misterio de su corazón. Estoy seguro de que, una vez más, esta gente enriquecerá a su País y a su Iglesia.
Que Dios los bendiga y la Virgen los cuide. Gracias.

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José Medina Padres de la Iglesia Pan Papamóvil Paráclito Patriarca Kirill Patriarca Mar Dinkha IV Patriarca Ortodoxo de Etiopía Patrona Patrono Pecado mortal Pensamiento Perseverancia Pesebre Piergiorgio Odifreddi Planeta Pontificado Pontificia Academia de Ciencias Pontificia Academia para la Vida Pontificia Comisión para la protección de menores Pontificio Consejo Justicia y Paz Pontificum Consilium pro Familia Porciúncula Predicador Premio Ratzinger Presbiterado Primera Comunión Pro Life Profanación Prosperidad Protección Pruebas Puerta Santa Puerta de la Misericordia Pureza Purificación Ratisbona Redentor Redes Sociales Reino Unido Relaciones religiosas Relatio Synodi Religiones Reunión Revelación Revolución Rolling Stone Rota Romana Ruanda Sacerdocio femenino Saduceos Sagrada Sal Salvador Samuel San Agustían San Ambrosio San Benito abad San Bernardo San Isidro San Marcos San Rafael San Valentín Sangre de Cristo Santa Juana de Arco Santa María Santiago Apóstol Santiago de Compostela Santiago del Estero Santo Nombre Secretaría Secularización Separación Sermones Sexualidad Shalom Shoah Signos de los tiempos Simeón Sucesión Apostólica Suspención Talentos Temor de Dios Teología del Pueblo Tergiversación Terremoto Tesoro Tibieza Tifón Time Tortura Trascendencia Tribulación Tráfico de seres humanos Tucumán Turismo Túnez Ultima Cena Unción de los enfermos Unitatis Redintegratio Venganza Verbo Encarnado Vida religiosa Virgen Dolorosa Virgen de Bonaria Virgen de Caacupé Vísperas anticristo descarte indigentes instrumentum laboris maligno Álvaro del Portillo Ávila Ébola 1974 2004 2005 21/9/53 4 ADN Abajamiento Abarzo Abbá Abdullah II Abogado Abolición Abune Matías Académicos Acción Social Aceite Acogida Acólitos Adolescentes Adopción Adultos Afligidos Agobiados Agosto Agravio Agua Agustinianum Agustinos recoletos Ahmed Al Tayyeb Akita Alberto Methol Ferré Alcalde Alegr Aleteia Alfredo Leuco Alianza Evangélica Mundial Alicia Barrios Alma de Cristo Almería Altruismo Alí Agca Amantes Amargura Amazonía Amenaza Andrea Riccardi Anencefalia Anestesia Angel de la guarda Angeles custodios Angustia Ankara Anonadamiento Antioquía Antonio Franco Antártida Apariencias Apertura Aprender a aprender Arca de la Alianza Ariel Ramirez Armenia Arrio Arte Arturo Paoli Ary Waldir Ramos Díaz Arz. Lorenzo Baldisseri Asamblea Ascenciój Ascética Asia Times Asistencia sanitaria Askenazí David Lau Asociaciones Médicas Católicas Asociación Ciencia y Vida Asociación Internacional de Derecho Penal Asociación Internacional de Exorcistas Astrofísica Astronomos Astronomía Ataques Atenágoras Atletas Audacia Aug San Suu Kyi Aula del Sínodo Auschwitz Australia Autonomía Autoridad Autoridad Financiera Avaricia Año Constantiniano Año Judicial Babilonia Bahía Blanca Banquete Barbería Barcelona Beata María Bolognesi Beato Giuseppe Puglisi Beato Juan Pablo II Beato Pier Giorgio Frassati Beato Rosmini Beato Toniolo Bebés Benedic Benedictinas Camaldulenses Beneficio Benjamín Netanyahu Benneux Benín Berbabé Berlín Bielorrusia Bienvenida Biodiversidad Bizentinos Blanqueo Blasfemia Bleacher Creatures Boko Haram Borges Boston Burundi Bérgamo Búsqueda C9 CEA CV I Caldeos Calentamiento Cambio climático Camerún Caminantes Camorra Campo Gallo Campus Fidei Candidatos Canoniza Capdevila Capellanes Capilla Sixtina Capitolio Caravana de la Paz Card. Achille Ambrogio Damiano Ratti Card. Angelo Bagnasco Card. Beniamino Stella Card. Caffarra Card. Cañizares Card. Christophe Schönborn Card. Cipriani Card. Dolan Card. Giovanni Battista Re Card. Jaime Ortega Card. Leonardo Sandri Card. Madariaga Card. Martini Card. Marx Card. Mazombwe Card. Norberto Rivera Card. Pacelli Card. Raymond Burke Card. Ricardo Ezzati Andrello Card. Rodriguez Madariaga Card. Rouco Varela Card. Sandoval Iñiguez Card. Santos Abril y Castelló Card. Sebastián Card. Sodano Card. Stanislaw Dziwisz Card. Tagle Card. Van Thuan Cardenal Dziwisz Cardenal Fernando Filoni Cardenal Grech Cardenal Robert Sarah Cardenal Sarah Caribe Carlos Luna Carmelitas Carne Carpa Misionera Carpintero Carta Apostólica Cartoneros Casa Casa Don de María Casa de Caridad Casa de Jesús Casa de María Casa del Divino Maestro Casamiento Castidad Cataluña Catamarca Catecúmenos Catequesis Jubilar Catholic Link Catholicós Catolicismo Católicos orientales Cavevi Cefas Celo apostólico Cementerio Centro Astalli Centro Televisivo Vaticano Ceremoniero Chad Charamsa Charles de Foucauld Chesterton Chiapas Chipre Chisme Christian Schaller Christifideles laici Ciclistas Ciudad Ciudadanos Claudia Peiró Clément Borioli Cobertura Colaborador Colecta más x menos Colegio Sacerdotal Argentino Colegiolidad Colegios Pontificios Colegios católicos Comisario Apostólico Comisión Nacional de Justicia y Paz Comisión Pontificia para la protección de los menores Comisión Teológica Internaiconal Comité Olímpico Comodidad Compendio Comprensión Comunicación Social Comunidad San Egidio Concurso Condenación Condenar Conferencia Internacional Confesar Conflictos Congo Congregacion para Institutos de Vida Consagrada Congregación de los Obispos Congregación para el Culto Divino Congregación para la Vida Consagrada Congregación para la educación católica Conin Conmemoración Conocimiento Consejo Mundial de Iglesias Consejo Pontificio para la Cultura Consejo de Economía Consejo parroquial Consejos Constantino Constanza Miriano Constitución Apostólica Construir Contaminación Contradicción Conventos Cooperativa Cordero de Dios Corderos Coreografía Coro Ortodoxo de Moscú Coronada de estrellas Coronilla de la Divina Misericordia Corredención Corán Cosmos Costa Rica Cotidianeidad Cova da Iría Creces Credibilidad Crimen Criminales Cristina Bergoglio Cristóforo Cruz del Jubileo Cuadro Cuerpo Cuerpo Místico Cumbre de las Américas Cumplimiento Curas villeros Curiosidad Częstochowa Cáliz Cáncer Cántico de las creaturas Código Civil DWIGHT LONGENECKER Daejeon Daniel Iglesias Grèzes David Cameron Davos Debilidad Decisión Decreto Decálogo Defensa Defensa de la vida Defensor Denuncia Depositum fidei Derecho a la vida Derechos de los Niños Desafíos pastorales Desapego Desarrollo Descanso Desigualdad Desinformación Desmentida Desnutrición Despenalización Detenidos Deus Caritas est Deuteronomio Devoción Devoción Mariana Dia del Alivio Diaconado Dibujos animados Dificultades Dignitas personae Discípula Dispensario Diversidad Dives in Misericordia Divinidad Diáconos Doctor de la Iglesia Doctrina Social de la Iglesia Doctrina jurídica Documental Documento de identidad Dogma Domingo Domingo de Resurrección Don Lorenzo Milani Don Stefano Donación Dormición de la Virgen Dr. Abel Albino Duchas Dureza EWTN Ecclesiam Suam Eclesiásticos Ecónomo Edad Eduardo Verástegui Educador Efeso Eficiencia Ejemplo El amor antes del mundo Elecciones Elegidos Elisabetta Piqué Elí Elías Embarazadas Embriones Emoticones Emérito Encarnizamiento terapéutico Encintas Encuentro Mundial de Movimientos Populares Entendimiento Entrega Enviado Epaña Episcopalianos Equidad Esclavas del Amor Misericordioso Escritores Escuchas Escudo Escuelas para el encuentro Escultura Esenios Esoterismo Esperanza de Jesús Estado islámico Estadísticas Estambul Esteban Pittaro Esterilidad Estigmas Estilo Estrella de la Evangelización Estrella del Mar Eva Evangelii Nuntiandi Exaltación Exegesis Exiliados FRANCISCO JAVIER ERRÁZURIZ OSSA Facebook Falsedad Fama Famili Federación Bíblica Católica Federación Luterana Mundial Federico Hernández Aguilar Felicitación Feligreses Fernando Vérgez Alzaga Fides Fieles Fiesta de la Misericordia Filiación Firmeza Fiscal Alberto Nisman Florencia Floribeth Mora Díaz Formadores Foro Eonómico Mundial Fortune Fr. Berislao Ostojic Fr. Jesús Sanz Montes Fracaso Franca Giansoldati Francesco Della Rovere Franqueza Franz-Peter Tebartz-van Elsten Fraternidad San Pío X Fray Carballo Fray José Narlaly Frontera Fuenteovejuna Fundación Centesimus Annus Fundación Orientale Lumen Fundación San Juan Pablo II Fundamentalismo Funeral G8 Gales Galilea Gaudete Gendarmes Genealogía Generación Geraldina Boni Geriátrico Ginecólogos Giovanni Traettino Gitanos Gobernatorado Gobiernos Goya Producciones Graffiti Grecia Greco-católicos Greco-melquitas Greenaccord Gregorio Pierre XX Ghabroyan Griegos Grutas Vaticanas Grávida Argentina Guardia Costera Gudtavo Cerati Guerrilla Guido Gusso Guillermo Marconi Guía Gólgota HIV Habladurías Haití Hebreos Hermana Hermandad San Pío X Hermandades Hermanito de Jesús Herodes Heráldica Hijo de María Himno por la Paz Hindúes Hipótesis Hitler Hogar Holghin Hollande Holocausto Honradez Hospital Bambino Gesú Hospital Italiano Hospital San Francisco Hospitalidad Humilde Sierva del Señor Humor Huracán Huéspedes Hábitat Héroes Iglesia Armenia Apostólica de Cilicia Iglesia Asiria de Oriente Iglesia Copta Ortodoxa Ignatius Aphrem II Il Giorno Il Messaggero Iluminación Imitación Imágenes Incoherencia Incomprensión Incredulidad Inculturación Independencia Indigenas Individualismo Indulgencia Jubilar Indulgencia Plenaria Infalibilidad Infanticidio Infidelidad Infobae Injusticia Inmaculada Madre Inocentes Inquietud Insistencia Instituto de Obras de Religión Instituto del Verbo Encarnado Institutos Seculares Inteligencia Intereses Interpretación Ir Irán Isaac Isernia Islas Malvinas Izquierda J. C. Gracía de Polavieja JMJ. Radio Jacob Jacob Badde Jaime Septién Jaques Maritain Jardín Jerarquía Jeremías Jerónimo Job Jornada Misionera Mundial Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación Jornada Mundial de la Alimentación Jornada por la Vida Josué José Antonio Méndez Juan Bosco Martín Algarra Juan Carlos Varela Rodríguez Juan Manuel de Prada Juan Mendicino Judaísmo Juegos Juez Eclesiástico Jugar Julio II Justin Welby Kailash Satyarthi Kerigma Kiko Arguello La Alameda La Cárcova La Nación Laicismo Laico Lamentos Laudato S' Laura Chinchilla Lavado Leandro Martins Lectura Lema Lenguaje Lesa humanidad Lesbos Letanías Ley de Dios Liberador Libia Lidia Liguria Linchamiento Linda Hogan Linosa Literatura Little Boy Lituania Llena de Gracia Lope de Vega Loppiano Louis y Zélie Martin Luis Abel Delgado Luis Pérez Bustamante Luis Rosales Lujuria Luna Lusaka Lázaro M Macabeos Machismo Madison Square Garden Madonna della Libera Madre Laura Montoya Madre María Guadalupe García Zabala Madre amada Madre de la Divina Providencia Madre de los creyentes Madre de toda la humanidad Madre del Evangelio Madre del Evangelio viviente Madre llena de esperanza Maestra Mafiosos Magia Magistrados Magos de Oriente Malala Yousazfai Malicia Maltrato Mama Antula Mamá Manfred Lutz Mansos Mar del Plata Marialis Cultus Marian Valley María Cristina de Saboya María Elena Bergoglio María Vallejo-Nágera Mas por menos Mediador Meeting Meriam Yahia Ibrahim Mes de María Metropolita Mexico Milàn Ministras de los Enfermos de San Camilo Minusválidos Miroslav Bulesic Mirtha Legrand Misa Criolla Misal Romano Miseria Misericordi Misionero. Testimonio Misioneros de la Misericordia Missio Mitis Iudex Dominus Iesus Mitis et Misericors Iesus Moda Modelo de caridad Modelo de la Iglesia Modernistas Monasterio Mons. Alfonso Delgado Mons. Alfred Xuereb Mons. Angelo De Donatis Mons. Antonio Marto Mons. Arancedo Mons. Baltasar Porras Cardozo Mons. Buenanueva Mons. Carlos Franzini Mons. Daniel Sturla Mons. Darío de Jesús Monsalve Mons. Enrique Angelelli Mons. Ernesto Giobando Mons. Estanislao Karlic Mons. Fouad Twal Mons. Guido Pozzo Mons. Gäenswein Mons. Juan José Omella Mons. León Kalenga Mons. Mario Iceta Mons. Munilla Mons. Nikola Eterovic Mons. Paolo Xie Ting-zhe Mons. Pedro Laxague Mons. Ricardo Ezzati Mons. Samuel Aquila Mons. Scarpellini Mons. Stanislaw Gadecki Mons. Viganó Mons. Víctor Fernández Mons. Vísctor Sanchez Espinosa Mons. Ñañez Monseñor Aguer Monseñor Aldo Giordano Monseñor Fernando Vérgez Alzaga Monseñor Francisco Gil Hellín Moratoria Mos. Georg Ratzinger Moscú Mosul Movimiento Apostólico Ciegos Movimiento Cristiano Liberación Movimiento Eucarístico Juvenil Movimiento por la Vida Mujer Eucarística Mujer de la memoria Muro de los lamentos Murumuraciones Museo del holocausto Mística Nacionalismo Nairobi Natalidad Natty Pretrosino Naufragio Nazis Necedad Neoliberalismo Neopentecostalismo Nerses Bedros XIX Nerón New Age New York Nicolás Nicolás Maduro Moros Nietos Niñas Niño Jesús Niños por nacer No creyentes No nacidos Noche de los cristales Nochebuena Nostra Aetate Notre Dame Novo millennio ineunte Noé Nuestra Señora de Chiquinquirá Nuestra Señora de Coromoto Nuestra Señora de Jerusalén Nuestra Señora de Kibeho Nuestra Señora de Knock Nuestra Señora de Lanka Nuestra Señora de Madhu Nuestra Señora de la Antigua Nuestra Señora de la caricia Nuestra Señora de la ternura Nueva Jerusalen Nuevo testamento Néstor Mora Núñez Nómadas Números Obendiencia Obispado Obispo auxiliar Obispos Holanda Objeción de conciencia Obra de María Obra de Nazaret Obras Obras buenas Obras de Misericordia Obsertario Romano Observancia Observatorio Oceanía Octava de Navidad Omar Abboud Ombar Abboud Omnipotencia Oprimidos Orar Orden Ecuestre del Santo Sepulcro Orden Sagrado Orden de la Santísima Trinidad Orden del Carmelo Descalzo Orfanato Oscar Oscar Schmidt Oscar Ustari Oseas Oslo Otranto P. Alessandro de Sanctis P. Andrés Taborda P. Antonio Grande P. Aristi P. Carlo Buzzi P. Enrique Pozzoli P. Fabián P. Gabriel Amorth P. Gleison P. Guillermo Morado P. Guillermo Ortiz P. Humberto Yañez P. Ismael Quiles P. Javier Klajner P. John Hunwicke P. José Granados P. José Hernández P. Juan Garcia Inza P. Julio Sáinz Torres P. Luis Espinal P. Luis Montes P. Marcelo Debenedectis P. Mariano Fazio P. Maurizio Patriciello P. Miguel d' Escoto P. Nicholas Gregoris P. Pedro Trevijano P. Peter Gumpel P. Raymond de Souza P. Renzo Zocca P. Umberto Yañez Pacem in terris Pacientes Pactos Lateranenses Padre Bruno Secondin Padre Mario Beverati Padre Pedro Arrupe Padre Pío Padre Victorino Ortego Paganos Paises Paises Bajos Palios Palito Ortega Pan vivo Pandillas Papas Papá Parresía Parusía Pasaporte Paseo Pastoral familiar Pastoral juvenil Pataxó Patraiarca Fouad Twal Patrona de América Pax Christi Pecado original Pecados capitales Pederastia Pedófilos Pensador Pepe Luque Peregrinación de las familias Pereza Perfección Persona humana Peter Seewald Peticiones Philomena Lee Piedra Piedras vivas Pio X Plegaria Eucarística Policía Politeísmo Pompeya Pontificia Academia Eclesiástica Pontificia Comisión Bíblica Pontificia Comisión para América Latina Pontificia Universidad Gregoriana Pontificias Obras Misioneras Pontificio Colegio Escocés Pontificio Consejo de Cultura Pontificio Insitituto Bíblico Pontífice PopeEmoji Porciuncula Portavoz Prato Preceptos Prelados Preocupaciones Presbiterianos Presbiterio Presunción Primado Primicia de los redimidos Primogénito Pro Petri Sede Profecías Profundidad Prostitución Protocolo Protomártires Proximidad Prudencia Prófugos Publicanos Publicidad Puebla Pueblos originarios Purgatorio Pérez Esquivel Pío IX Pío V Pío VII Qom Qui arcano Dei RAI ROACO Racionalismo Radio María Radio Virgen del Carmen Radipuglia Raquel Razón Realismo Rechazo Reconstitución Rectitud Rectores Redemptoris Mater Refugiado Refugio de los pecadores Reina Isabel Reina de Africa Reina de la Familia Reina de los Mártires Reina de los Santos Reina de los Ángeles Reina del Cielo Reina del Universo Reinserción Relativismo Remate Rencor Representantes Pontificios Reproducción Reputación Rescriptum Resentimiento Resignación Resistencia Respondo Resucitados Rev. Olav Fykse Tveit Revista Revolucionarios Rey Rey de Jordania Ricardo Martinelli Ricardo Romano Richard Burridge Rigidez Rigoristas Rivalidad Roberta Leonardi Roca Rocío Manzaneque Rodolfo Proietti Rodrigo de la Serna Romano Guardini Rugby Russell Crowe Rutina Sabios Sacerdotes villeros Sacralidad Sacrificio Eucarístico Sacrilegio Sacro Cuore Sagrado Salam Salmos Salomón Salta Salvador Aragonés Salvifici doloris Samuel Benedict Daswa San Agustín San Antonio de Padua San Camilo de Lelis San Carlos Borromeo San Casimiro San Celestino V San Cesáreo de Arlés San Expedito San Felipe Neri San Francisco Javier San Francisco de Laval San Francisco de Sales San Gabriel San Gregorio de Narek San Ireneo San Jenaro San Josafat San Josemaría San José de Anchieta San Juan Bosco San Juan Crisóstomo San Juan Diego San Juan Pablo San León Papa San Lorenzo San Luis Gonzaga San Luis Martin y Santa María Celia Guérin San Luis María Grignon de Montfort San Luis Orione San Roque Gonzáles de Santa Cruz San Vicente Grossi San bernardino de Siena Sangre Santa Fe Santa Iglesia Santa Inés Santa Isabel Santa María de la Encarnación Santa María de la Purísima Santa Mónica Santa Rita Santa Sabina Santiago de Chile Santificación Santo Padre Santo Padre Pìo Santo Tomás Moro Santuario Santísima Virgen de Gador Sara Sean UNO Sebastián Correa Sebastián Piñera Secretaría para la Comunicación Sectas Sede de la Sabiduría Seducción Segunda venida Selecciones Selfie Semana Social Semana de la Familia Sembrador Sensualidad Sensus Fidei Sensus fidelium Sentido del pecado Sergio Bergman Sermón de la montaña Servicio Sacerdotal Nocturno Servicio Sacerdotal de Urgencia Servidora Señal de la Cruz Señor del tiempo Seúl Shenouda III Sicilia Sida Siglo XX Siglo XXI Signatura Apostólica Signo de la Cruz Silla gestatoria Simplicidad Sinagoga Sindicatos Sirio-Ortodoxo Siro Malankar Sobornos Sobriedad Sobrino Sociedad Italiana de Cirugía Oncológica Sociología Sodoma Soldados Sollicitudo omnium ecclesiarum Soltera Soprtar Sor Isabel de María Inmaculada Sordomudos Stefano Fontana Stella Matutina Subdesarrollo Sudán Suecia Suicidio Summorum Pontificum Sumo Sacerdote Superficialidad Superiores Taizé Tango Tarragona Techo Telecomando Templo Valdense Teodoro II Teofanía Teología del cuerpo Tepeyac Teresa de Calcuta Terquedad Testamento Tewahedo The Economist The Newyorker Theotokos Tiempo Tierra Prometida Timothy Schmalz Tinieblas Tobit Toda Santa Madre de Dios Tolerancia Tornado Tota Pulchra Trabajo infantil Traidor Transformados Transgresión Trepadores UCA UNASUR UNITALSI Unifil Uniformidad Universal Vagabundo Vailankanni Vanagloria Varginha Vecinos Velar Vencedor Venerable Verona Veterano Veterocatólicos Vicario de Cristo Vida comunitaria Vida espiritual Vida por nacer Videntes Vidigal Vigilancia Vigilia de la Misericordia Vinicio Ceva Vino Violación Virgen Desatanudos Virgen de Copacabana Virgen de Coromoto Virgen de la Misericordia Virgen del Carmen Virgen el Carmen Virginidad Visitación Visitas Viudas Viudez Viviente Vivir Vjekoslav Bevanda Vladimir Ghika Voluntariado Vultum Dei Quaquere Víctor Manuel Fernández Víctor Saldaño Walter Brandmüller Walter Habiague Washington Web Willy Herteleer Wlodzimierz Redzioch World Jewish Congress Xi Jinping Yo soy Yoga Yosef Yitzhak YouCat Youhanna X Zacarías Zelotas Zen astor Bonus cardenal Paul Josef Cordes científicos he Times homi homonomio jornada mundial de las Comunicaciones Sociales santa Giuseppina Bakhita Ángela de Foligno Ángeles Árbol de Navidad Éfeso Ética Ícono Ícono de la Fe Óleo Última Cena Últimos tiempos